martes, 8 de enero de 2008

Fiscales a control remoto

La última edición de la revista newyorkina Newsweek en castellaño trae una detallada investigación sobre cómo trabajan los 93 fiscales federales norteamericanos.
La pesquisa toma relevancia por las derivaciones diplomáticas que surgieron de la investigación que lleva adelante la Justicia norteamericana en contra de los venezolanos Moisés Maionica, Carlos Kauffmann y Franklin Durán y el uruguayo Rodolfo Wanseele. A todos ellos, el fiscal federal de Miami, Thomas Mulvihill, los acusa de actuar como agentes extranjeros al tratar de encubrir la fuente y el destino de los 800.000 dólares hallados en la valija del venezolano Guido Antonini Wilson, el 4 de agosto pasado, en Ezeiza.
A raiz de esta causa la relación entre Argentina y Estados Unidos tocó su pico máximo de tensión histórico el 19 de diciembre pasado, cuando las dos Cámaras sesionaron para declarar su repudio a los Estados Unidos.
A diferencia de nuestros fiscales federales y provinciales que tradicionalmente gozan de estabilidad absoluta en sus cargos (mientras dure su buena conducta), los cargos de fiscal federal en Estados Unidos son políticos y duran cuatro años. Son funcionarios del Ministerio de Justicia, nombrados por el presidente y es habitual que después de cada elección general presenten su renuncia.
Luego de dos años como presidentes, Reagan y Clinton cambiaron a 89 de los 93 fiscales federales. George Bush hijo siguió la tradición, puso sus fiscales. Pero luego hizo algo nunca visto: echó y forzó a renunciar a los fiscales que él mismo había nombrado y que se oponian a legalizar las escuchas telefónicas sin orden judicial.
En el año y medio que duró la ofensiva, el gobierno despidió a siete fiscales y cuatro renunciaron bajo circunstancias dudosas. El escándalo político estalló a principios del 2007 y terminó eyectando a fines de agosto al fiscal General Alberto Gonzales, para quien la Convención de Ginebra estaba obsoleta, y así lo declaraba públicamente.
Como consecuencia de la purga, casi un tercio de los fiscales federales norteamericanos hoy es interino, y entre ellos está el del distrito Sur de Florida, R. Alexander Acosta, un hijo de cubanos de reconocida militancia conservadora y jefe de Mulvihill.

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