miércoles, 23 de julio de 2008

Barcelona y los días previos

En las calles de Barcelona se pude ver pasar la vida. Un anciano al final de la angostísima calle n` Angla se pasa horas haciendo esto apoyado en la baranda de su balcón, en un segundo piso del barrio Gótico. Luego su esposa lo releva por otras tantas horas. Una pareja de veinteañeros se acomoda como puede en un angostísimo balcón a comer una ensalada de un taperwere. Un poco más adelante, un grupo de jóvenes norteamericanos hace sociales desde el primer piso. Fluye Europa por estas calles.

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Barcelona es por estos días la ciudad más pluricultural del mundo, burgueses de todas las latitudes del mundo recorren como turistas la ciudad; andan de a pie, usan el transporte público o se trepan a bicicletas, patines, patinetas, motos o a un trixi. Todo es tumulto, todo el tiempo, por momentos carcajadas de grupos de jóvenes barren las angostísimas calles. Toman cerveza sentados en los cordones. De pronto, la sirena de una moto policial corta el cuadro y una maniobra encorvada del piloto que pasa veloz entre la gente viene a recordar que la ciudad tiene el nervio atento, que la policía está. De noche los espacios públicos están bien iluminados y vigilados, se sienten seguros. La gente circula distendida y la ciudad se muestra a pleno desde La Rambla o desde el mercado. Gaudí es el más grande de todos los dioses.
Es verano y aquí Europa muestra su rostro más feliz. Pero es sabido, Europa también es tierra de contrastes. Vengo del sur de Portugal, del Alentejo.
En Portalegre hay una señora que tiene una empresa familiar que vende tapices a 25.000 euros "más Iva", aclara. La industria de los tapices artísticos es considerada tradicional en la zona y las piezas son bienes registrales, con todo el rigorismo que eso implica. Los tapices miden un promedio de metro y medio y lo hacen obreras a razón de cinco centímetros por día. En el telar no se pueden sacar fotos, según explica la dueña, porque podrían copiarle la técnica que lleva un nudo especial que hace de estos telares únicos. Delia, una empleada que asiste a las tejedoras me dijo que tenía 42 años de antigüedad en el trabajo y que ganaba 420 euros por mes. Su compañera, a cargo del dominio de la ancestral y secreta técnica, con 23 años de servicio, se llevaba 650 euros a su casa.
Vecino del Telar es la fábrica de corcho Robinson, un estandarte aún en pie de la Revolución Industrial. Construida en esa época, la fábrica funciona con las mismas máquinas y técnicas de entonces. Una verdadera reliquia en la que bien uno podría encontrarse con el fantasma de Taylor entre sus decenas de salas sucias y oscuras. Sus obreros trabajan también en idénticas condiciones que sus pares de hace 200 años. La fábrica no registra ninguna norma de seguridad industrial a la vista. Los trabajadores no usan barbijo ni llevan ropa de trabajo. En el ingreso a la fábrica un transparente de vidrio mugriento denuncia los datos básicos de la relación laboral. Los sueldos van de los 250 a los 670 euros. Luis, un bodeguero de las afueras de Portalegre tiene en cambio un futuro mejor. Trabaja un paño de cinco hectáreas de parrales y fabrica sus propios vinos de manera casi artesanal. Lo ayudan sus hijos que cuelgan de la bodega sus dibujos y se jacta de no deberle un peso a ningún banco. Luis Filipe Carloto Marques es diputado nacional del Partido de la Tierra y está preocupado por el futuro de la energía. Sostiene que debemos acostumbrarnos a una sociedad que va en tránsito a abandonar el petróleo, un recurso que el hombre descubrió y consumió en sólo un siglo. Que puede haber más guerras. Le preocupa que la agricultura, en especial la extensiva, sea tan dependiente del petróleo. No cree que la relación consumo-movimiento del sector pueda mejorar con los biocombustibles: hace falta generar una vez y media la cantidad de energía alternativa para mover la actividad, con respecto al petróleo. Salvo el etanol de la caña de azúcar que es un subproducto, aclara. Luis Marques fue contundente y me dijo que Portugal tiene 2 millones de pobres, que el tema es grave. Los jóvenes portugueses que han recorrido Europa, ven que otros países con idénticas oportunidades han sabido aprovecharlas mejor y citan de ejemplo a Polonia, Lituania, Estonia, Servia, entre otras. Dicen que los políticos portugueses hicieron negocios personales con esas ayudas. No tienen mayores compromisos con la política. Apenas algunos se inscriben en movimientos anarquistas o militan en campañas por la liberación de la marihuana. Están invadidos de inmigrantes brasileros de sectores medios que les disputan las oportunidades de empleo, buscando en Lisboa la puerta de ingreso al sueño europeo. Al mismo tiempo, Brasil es visto con mucho respeto por el crecimiento sostenido de su economía y contrastado recurrentemente con el atraso y malhumor que despierta Portugal entre sus jóvenes. En el sur de Portugal aún pueden encontrarse festividades religiosas católicas con corrida de toros. Es notable el entusiasmo que generan estos encuentros entre gente de distintas edades.

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