domingo, 15 de febrero de 2009

Apuntes de ciencia y tecnología tucumana

Los primeros días de trabajo en Innovación y Desarrollo Tecnológico fueron muy intensos. Además del despacho de los asuntos diarios de la Secretaría, he iniciado una recorrida por los centros de investigación más importantes de Tucumán. Arranqué con el más antiguo y prestigioso de todos: La Estación Experimental Agroindustrial "Obispo Colombres", la nave insignia de la ciencia y la técnica aplicada al desarrollo económico de Tucumán.

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Con 100 años de experiencia, la Estación Experimiental fue inspirada en la visión transformadora de Alfredo Guzmán, que imaginó el camino de la ciencia para dar solución a la grave crisis sanitaria que afectaba al 80 por ciento de los cultivos de caña de azúcar a comienzos del siglo pasado. Como es sabido, la caña de azúcar es históricamente la principal industria de nuestra economía, y la que tiene además hoy la prospectiva más interesante por el uso que tiene de uno de sus subproductos: el etanol.
La institución, a diferencia de todas las agencias tecnológicas conocidas en el país, estuvo ligada desde siempre al gobierno provincial como un ente autárquico; lo cual presupone también un mérito aparte: su solvencia institucional fue capaz de sortear con éxito (y de resistir) gobiernos locales que muchas veces no estuvieron a la altura de sus desafíos. El secreto de su modelo organizacional parece estar en un directorio conformado por los empresarios del sector agroindustrial, directamente comprometido con el desarrollo de nuevas tecnologías y soluciones para la producción local. Durante la visita que hice la semana pasada (y que duró practicamente todo el día) fui recibido por el directorio en pleno, presidido por Juan José Budeguer y secundado por Ricardo Fajre. El directorio está representado por industriales azucareros, productores de caña de azúcar, de citrus y por otros sectores de la actividad agraria. Cada rama de la producción eleva una terna al Poder Ejecutivo y en base a ello, éste decide la integración del directorio. En mi recorrido estuve acompañado todo el día por el equipo técnico que dirige Daniel Ploper y por tres de sus máximas celebridades: Gerónimo Cárdenas, Jorge Scandaliaris y Eduardo Willink. Todos ellos se sienten continuadores de William Cross, un químico de origen inglés que da el nombre a la calle en la que está ubicada la Estación Experimental, y a quien la historia sindica como el hombre que sembró allí la semilla del trabajo eficiente, el estímulo al talento creativo y a la actitud de servicio y compromiso. Valores que este equipo rescata y mantiene firmes. A la visita me acompañó Esteban Campero y Roque Caro, y debo decirlo, fui asistido en todo momento por mi amigo, el infatigable investigador tucumano Jorge Perera, sobre quien me extenderé en un futuro post.
La Estación Experimental tiene su casa central en el Colmenar, en el municipio de Las Talitas, y el predio de 86 hectáreas donde están las oficinas, laboratorios, invernáculos, biblioteca, cámaras de cruzamientos, estructuras especiales y el campo experimental está permanentemente zurcado por decenas de jóvenes científicos. La mayoría de sus laboratorios están en construcción, ampliándose. Día a día crece la demanda de servicios. Unas 300 personas militan en el organismo que tiene además cuatro subestaciones distribuidas en distintas zonas agroecológicas de la provincia. El impacto de los desarrollos tecnológicos de la Estación Experimental hoy trasciende las fronteras del país, investigando y transfiriendo conocimientos a países de la región con las variedades de Soja RR Munasqa y Qaylla, o con sus investigaciones sobre el control de Moscas de la Fruta, o el desarrollo del software para la industria azucarera (Siova), entre tantos otros. En cabeza de ellos está también el desarrollo tecnológico de la industria del Etanol en nuestra provincia. Los primeros pasos que dio el país en esa dirección los había dado con el Plan Alconafta, programa oriundo de estos laboratorios subtropicales.
No es casual entonces que una de las tecnologías en las que nuestra provincia tiene mayor experiencia sea la Biotecnología. Ese es también el fuerte de otro de los institutos que recorrí días atrás: el Cerela, que es ya una especie de vaca sagrada del sistema científico argentino. Se trata de un instituto de investigaciones de nivel superior que estudia las bacterias lácticas en dos grandes áreas: alimentos y salud humana y animal. El instituto se creó en la década del 70 y desde entonces viene formando profesionales especializados en el área de microbiología y biotecnología de bacterias lácticas. Uno de sus desarrollos adquirió gran notoriedad: la Leche Bio, un producto que incorpora micro organismos (bacterias lácticas) que combaten la desnutrición, curan la gastroenteritis y previenen la osteoporosis, entre otras propiedades benéficas. El descubrimiento fue transferido al sector privado y el fin para el que fue creado se desvirtuó. Digo esto porque fue pensado inicialmente como un suplemento dietario para chicos desnutridos (o con necesidades alimentarias) y se transformó en un bien suntuario, sólo al alcance de niños sin necesidades del complemento alimentario.
Pero el Programa Yogurito torció ese destino injusto. Por el impulso inicial de Rita Waserman de Cunio, Bety Mirkin y la titular del Cerela, Graciela Font, se inició en la provincia una de las experiencias en transferencias tecnológicas con impacto social más notables que se conozcan. Durante el año pasado 130 mil chicos de las escuelas ubicadas en los sectores más vulnerables de Tucumán recibieron todos los días un pote de yogurito probiótico como reemplazo de la copa de leche. La exitosa experiencia llevó al Ministerio de Desarrollo Social de la Nación a duplicar el monto destinado para el yogur, y las provincias del Chaco y Santiago decidieron adherirse al programa. Esta nueva situación plantea nuevos desafíos y oportunidades para el "yogurito" así como para el desarrollo de nuevas aplicaciones en la industria alimenticia. Graciela Font está convencida de que este es el sendero que debemos transitar y lo dice con total seguridad, mientras recorre los pasillos del Cerela saludando a la treintena de jóvenes investigadores que fatiga los laboratorios y "los ciber" o cuartos de computación con acceso a Internet, una institución que está presente en todos los laboratorios de investigación del país como una señal inequívoca de que la sociedad del conocimiento ha venido para quedarse. El Cerela tiene hoy clasificados la mayor cantidad de cultivos probióticos de latinoamérica y esto presupone un tremendo capital tecnológico para aplicar a la industria de los alimentos.
Durante estos días también me he reunido en dos oportunidades con el CCT (el Comité Científico Tecnológico de Tucumán) para trabajar en el proyecto del Polo Científico Tecnológico que la Provincia está impulsando junto a los organismos del Conicet en Tucumán y la Universidad Nacional de Tucumán, que aportará su predio de El Manantial.
En ese solar de 11 hectáreas, a la vera del Camino de Sirga de Yerba Buena, se radicará el Polo, el Parque Tecnológico y una incubadora para empresas de base tecnológica. El proyecto está en su primera etapa y siguiendo los rigurosos pasos de una consultora que encomendó el Conicet. En los próximos días comenzaremos a realizar una encuesta entre los principales actores de la realidad local con dos finalidades: definir sus entornos y sumar nuevos compromisos.
Me exhibió gran generocidad Daniel Campi, el secretario de Ciencia y Técnica de la Universidad Nacional de Tucumán, que me invitó a la primera de las reuniones con la CCT, donde me recibieron muy bien y debo agradecer los gestos de cada uno de ellos: a nuestro vicepresidente del Conicet, Faustino Siñoriz, con quien trabajé algunos domingos por su apretada agenda, al doctor Ricardo Farías por su visión, a Elisa Colombo del Ilav (el Instituto de Investigación en Luz, Ambiente y Visión, un laboratorio de punta y gran prestigio) conducido por una las dirigentes políticas más lúcidas de su generación, a Néstor Katz del Inquinoa (el Instituto de Química del Noroeste), a Roberto Morero del Insibio (el Instituto Superior de Investigaciones Biológicas) a Lucía Castellanos y a Nora Perotti del Proimi (la Planta Piloto de Procesos Industriales Microbiológicos). Fui invitado por todos ellos a recorrer sus laboratorios y en los próximos días voy a visitarlos uno a uno.
Lo hago convencido de que la cultura de la innovación es estratégica para el desarrollo de nuestros pueblos.

viernes, 6 de febrero de 2009

El uso de los juegos en red en la empresa

Esta tarde a las 19 haremos una capacitación para empresarios tucumanos con la Secretaría de Innovación y Desarrollo Tecnológico. Se trata de un curso sobre los usos de los juegos en red para desarrollar nuevas habilidades y relaciones en el mundo de los negocios y se hará en la sede del CAE, de 24 de Septiembre 476. Lo dictará nuestra amiga chilena Claudia Ramos (que nos visita ya por segunda vez) y se denomina "El uso del World of Warcraft en la empresa". Claudia es la encargada de Finanzas del partido político Chile Primero, que lidera el senador nacional del vecino país, Fernando Flores que tiene también previsto participar en video-conferencia, desde Estados Unidos. El curso está destinado a empresarios y público en general. El juego en red marcha hoy a la vanguardia como un novedoso método de capacitación orientado a desarrollar nuevas habilidades estratégicas en el mundo de los negocios, así como establecer nuevas redes sociales por dentro y fuera del país para los emprendedores. Durante la conferencia se expondrán las nuevas tendencias en este tipo de capacitaciones y se realizarán muestras prácticas del Juego en red. El senador Flores tiene uno de los blogs más visitados de Américalatina y es un ex ministro de Allende, ingeniero Civil Industrial, doctor en Filosofía del Lenguaje de la Universidad Berckley, investigador del Departamento de Ciencias de la Computación de la Universidad de Stanford y empresario. Flores es además miembro de la Comisión Especial de Ciencia, Tecnología e Innovación de Chile y Director de la Fundación País Digital.

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