martes, 26 de enero de 2010

Cobos, borroso en la foto



A pesar del cotidiano y esmerado esfuerzo que ponen los medios tradicionales de prensa en realzar la figura de Julio Cobos, al viceopositor no le va tan bien.

Según una encuesta de Management & Fit su imagen positiva viene en picada: cayó 12 puntos, desde aquel el 17 de julio de 2008, cuando tocó el cielo con las manos con su dubitativo voto no positivo. En el mismo período, su imagen negativa creció un 10 por ciento.

Políticamente, hasta aquí no logró avanzar nada en la construcción de un espacio por fuera del radicalismo: Elisa Carrio y Hermes Binner se alejan indefectiblemente.

Es más, el propio radicalismo que lo recibió de nuevo a pesar de haberlo expulsado de por vida por acompañar a Cristina Fernández de Kirchner en la fórmula, también le retacea su apoyo. Es bueno recordar a estas alturas que el radicalismo enfrentó en esas mismas elecciones al Frente Para la Victoria con Roberto Lavagna, el ex ministro (peronista) de Néstor Kirchner.

Artemio López agrega aún mayor complejidad al panorama político y hace el siguiente cálculo: el espacio que representan el Lole Reutemann, Felipe Solá, de Narváez y Sergio Massa por la centro-derecha, proyectan no menos del 25% nacional, Néstor Kirchner consolidará al menos el 80% de los 33 puntos de votos nacionales de junio pasado por centro-izquierda populista. Para Artemio, la otra centroizquierda (Hermes Binner, Pino Solanas, Luis Juez, Claudio Lozano y Martín Sabbatella junto a otros de perfil similar) sin demasiado esfuerzo pueden alcanzar coaligados el 20% de los votos nacionales y tener posibilidades ciertas de ganar un par de distritos importantes, como Santa Fe y Capital Federal, y presumir de buenas chances en Córdoba, tres distritos donde, hay que recordarlo, se reparten 28 de cada 100 votos nacionales positivos.

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viernes, 22 de enero de 2010

¿Hay un gobierno populista en la Argentina?

¿El kirchnerismo es un movimiento populista? La pregunta aparece en discusión luego de una nota del encuestador Eduardo Fidanza que apareció en el diario La Nación esta semana. Fidanza no se priva de nada, evoca a Ernesto Laclau y sostiene que "El problema de los Kirchner no son los medios de comunicación ni las cajas. El déficit está en otra parte. Es la ausencia de afecto, el nervio que articula la lógica populista". Se reedita un viejo planteo que se debatió en la Barbarie (en noviembre del 2006), donde se afirmaba que "El kirchnerismo no es populismo", apelando a los mismos argumentos de Laclau, pero bien lejos de Fidanza. "El amor después del amor", una nota de Alejandro para Arte y Política, actualiza el debate. Sigue el texto.

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El ocaso de un populismo sin amor. El título promete y el texto cumple. Fidanza lo termina con una afirmación severa:

El problema de los Kirchner no son los medios de comunicación ni las cajas. El déficit está en otra parte. Es la ausencia de afecto, el nervio que articula la lógica populista.

El artículo podría pasar como otro más de la crítica del kirchenerismo versión 2.0 (la que dice “el kirchnerismo no es ni siquiera lo que se propone ser”). Pero, tal vez sin darse cuenta, Findanza abre una ventana interesante desde la cual observar no solo “el ocaso” sino todo el proceso político de la década. Porque Fidanza, tal vez sin darse cuenta, rebate con sus conclusiones su premisa de que

si nos atenemos a la ciencia política, detractores y defensores del Gobierno podrían acordar en un punto: la saga de los Kirchner fue desde el principio una expresión típica del populismo.

El kirchnerismo es un populismo. El populismo requiere de afecto. El kirchnerismo no tiene afecto. Ergo: el kirchnerismo no es un populismo.

Nosotros esto ya lo sabíamos. Pablo había llegado a la misma conclusión que Fidanza con argumentos más sólidos. Y sin embargo, a más de tres años de haber dicho que el kirchnerismo no es un populismo, esta es una buena oportunidad para retomar el argumento. No desde su base post- (o super?) estructuralista que no necesita más profundización que una buena lectura de Laclau sino agregándole una perspectiva histórico-comparativa.

Fidanza nombra a Hugo Chávez y a Evo Morales para darle contraste a la la falta de amor que aqueja al kirchnerismo. En Venezuela y Bolivia Fidanza ve pupulismos de en de veras. La pregunta, entonces, sería por qué allá si y acá no. Por qué el país sudamericano que con más intensidad vivió la mayoría de las etapas políticas del siglo XX (la agroexportadora, la nacionalista popular, la burocrático-autoritaria, la dictatorial represiva, la trancisional) no puede entrar de pleno derecho en los populismos contemporáneos.

Y la respuesta a por qué durante la década no se ha desarrollado un verdadero populismo en Argentina debe buscarse, creo yo, en la existencia de una matriz sociopolítica que logró superponer a las prácticas e instituciones que vieron la luz con el populismo originario otras de nuevo tipo.

Dice Fidanza que, según Laclau, la lógica populista se estructura

a través de una secuencia de este tipo: 1°) Una serie de demandas sociales heterogéneas no pueden ser atendidas y resueltas por el sistema político vigente. 2°) Las demandas distintas se vuelven equivalentes, organizándose bajo consignas que remiten a principios generales, como “justicia”, “paz”, “orden”, etcétera. 3°) Un líder cristaliza y unifica las demandas instituyéndolas como reivindicaciones de un “pueblo”. 4°) El movimiento así constituido traza una frontera inestable, pero excluyente, que divide a la sociedad. 5°) La lucha que se desarrolla es un combate por la hegemonía, lo que significa que el “pueblo” sólo conseguirá su objetivo cuando logre representar al conjunto de la sociedad.

Pues bien, a diferencia de lo que ocurría en Venezuela y Bolivia antes de la construcción de sus respectivos movimientos populistas, en la Argentina post crisis el primer punto de la secuencia no se verificaba: las demandas sociales sí podían ser atendidas por el sistema político. Y podían serlo porque había un partido (adivinen cuál) que durante la década anterior había sufrido transformaciones que habían acompañado la reconfiguración social del país. Un partido que podía “atender y resolver” demandas sociales heterogéneas porque se había estructurado en torno al gobierno del territorio. Esto ya fue estudiado. Pero todavía sigue sin alcanzar la importancia que merece el hecho de que en la Argentina se haya logrado suplementar las prácticas de gobierno configuradas en torno a la relación salarial con otras que parten de la gestión territorial.

Y los intendentes del Conurbano serán todo lo que quieran ser pero son parte del sistema político vigente. Y los gobernadores serán todo lo que quieran ser pero son parte del sistema político vigente. Y entonces las demandas sociales no se vuelven equivalentes sino que son canalizadas cada una por los carriles institucionales previstos. El combo movimiento de trabajadores desocupados más instituciones políticas subnacionales gestionadas a través de un nuevo conjunto de prácticas políticas ha sido la mejor garantía contra la emergencia de un populismo 2.0 en la Argentina. La gestión territorial de la crisis social permitió llegar con un mínimo de integración a la recuperación económica. El acople con las prácticas e instituciones del populismo originario no ha sido (no es) una cuestión sencilla. Pero en esa articulación se ha jugado la estabilidad política durante los primeros años del kirchnerismo.

Trabajadores desocupados y trabajadores sindicalizados encontraron (en mayor o menor medida y con prácticas más o menos transparentes y democráticas) atención y, en algunos, casos resolución de sus demandas por parte de un sistema político que se había autorreformado dentro del marco institucional vigente. La secuencia “populista” se cortó antes de empezar.

El amor después del amor
tal vez se parezca a este rayo de sol.
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domingo, 10 de enero de 2010

El efecto Lorenzetti

Los pronósticos sobre el desempeño económico del país para el año que arranca son coincidentes, todo el arco de opinólogos (incluso los más críticos al gobierno) afirma que será de crecimiento sostenido (del 4 al 6 por ciento mínimo), que aumentará también la recaudación y que la recuperación del empleo será moderada. Hoy, el escenario de la economía nacional nada tiene que ver con aquel incierto comienzo del 2009, azotado por la crisis internacional y las profecías mediáticas del derrumbe de la economía argentina. Felizmente esos pronósticos son hoy un valioso testimonio de cómo el monopolio mediático que reina en la Argentina conspira permanentemente para construir una realidad caótica y fallida.
Este dato central de la realidad es el que desvela a la oposición, abiertamente subordinada al capital concentrado que conserva con puño firme el manejo de los medios. Hacen cuentas y dicen: si el gobierno fue capaz de sobreponerse a derrotas como la sufrida frente al campo y luego en las urnas el año pasado, con este "viento a favor", simplemente, "a la tortuga no la agarramos más".
Es en este contexto donde les cae del cielo el Golden Boy, que en esta semana errática fue rescatado por su hada madrina, la jueza María José Sarmiento.
Y así, la novedad de esta historia pasó a ser la politización de la justicia, es decir, la participación activa de la Justicia en el sistema de toma de decisiones del poder político.

Más allá de la juridicidad técnica de los planteos, de si son correctos o no, la decisión de suspender la ejecución de una ley de la Nación (la creación del Fondo del Bicentenario) y de frenar el desalojo de un funcionario del Poder Ejecutivo (conforme a derecho) por parte de una jueza, parece al menos desproporcionado para las funciones de un magistrado, a los ojos de cualquier observador imparcial. Sin embargo, la realidad indica que para vastos sectores de la opinión pública (entre los que también conviven jueces) esto no es así, ellos ponderan "la moderación", "la autonomía del Banco Central" o las tan mentadas "instituciones", así a secas y huecas.
En este club milita Ricardo Lorenzetti.

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Durante la semana circuló de manera muy intensa la especie según la cual el presidente de la Corte podría acompañar a Julio Cobos en una eventual fórumla presidencial, de cara al 2011. El principal referente del cobismo, Daniel Katz dijo para Radio América que si bien es prematuro, "no desmiento ni confirmo. Sólo puedo decir que Cobos tiene un excelente diálogo, a nivel institucional, con el presidente de la Corte Suprema".
Las versiones fueron difundidas y son razonables, porque la conducta de Lorenzetti se intuye orientada en ese sentido. Una serie de encuentros de Lorenzzeti, como cuenta Mario Wainfeld desde Página 12, definen el perfil del personaje. "Sus palabras ante popes empresarios de la AEA, una defensa sin matices del derecho de propiedad, fueron un exagerado halago a los oídos de los anfitriones, casi una reverencia. Las patronales infringen asiduamente normas relevantes: evaden impuestos, mantienen en la informalidad a millones de ciudadanos, las marcas de trabajo infantil son muy altas. Esas patronales vienen vetando que se dicte una ley sobre riesgos de trabajo que acate una sentencia de esta Corte de hace cinco años. En el ínterin, reinciden en recurrentes violaciones a la Constitución que se traducen en cifras record de siniestros evitables, con alta mortalidad. El que habla con eminencia, como Lorenzetti, podría servirse de las tribunas VIP para exigir sumisión a la ley a todos y no sólo a los poderes políticos. El supremo también dilapidó una buena ocasión al departir ante sus colegas en una cena de la Asociación de Magistrados. Se extendió en alabanzas sin colar un bocadillo sobre los jueces y camaristas que burlan la directiva de la Corte de permitir la difusión mediática de los procesos por crímenes de lesa humanidad".
En el mismo texto, proféticamente Wainfeld decía que en el pasado los jueces se ufanaban de hablar sólo a través de sus sentencias y que sin embargo, en el siglo XXI ya no era así, al menos por dos motivos. El primero es que parlan asiduamente, se explayan en encuentros públicos y en declaraciones periodísticas. Algunos avanzados, como Norberto Oyarbide, dan conferencias de prensa de parado donde anticipan medidas en la etapa de secreto sumarial.
El segundo es que los magistrados, a menudo, ejercen su poder y producen consecuencias significativas sin necesidad de dictar sentencias. Por ejemplo, prodigan prisiones preventivas que terminan en encierros más largos y crueles que las condenas. O se valen del amparo o de la medida cautelar para incidir en cuestiones relevantes, a solo pedido de una parte. Las medidas de no innovar o las prisiones preventivas son, conceptualmente, excepcionales: demasiados magistrados las conceden con desaprensión, desnaturalizándolas".
En el caso en cuestión, la jueza Sarmiento no sólo desnaturalizó la Constitución con su cautelar, introduce al Poder Judicial en el sistema de toma de decisiones del poder político, con un elemento tan extraño a la división de los poderes, como su novedad en la escena política.
Los pasos que viene dando el presidente de la Corte Suprema son un peligroso organizador colectivo para los jueces federales con vocación política.

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